DIA 1: LLEGADA A LA PLAYA DE A LANZADA

Para mi A Lanzada es un lugar lleno de recuerdos, ya que es donde pasé los días de playa de mi infancia, es un lugar muy especial.
La primera parada fue en el hotel, para poder dejar las cosas y cambiarnos. Ese hotel que tanto me gusta, por que lo siento como mi casa de la playa, miro cada rincón y recuerdo alguna cosa. Nos recibió Luis, siempre tan amable y con una gran sonrisa. Además el me sigue recordando como aquella chiquilla que corría todos los veranos por allí, y eso da gusto, por que ves como te recuerdan con cariño, tanto el como su mujer.
Colocamos alguna ropa, nos pusimos el bikini y bajamos ansiosas a la playa, y como si el sol nos diera también la bienvenida, cada vez brillaba con más fuerza.
De camino a la playa vi esa gran roca con una Lanzada encima, esa roca que tanto me gustaba ver cuando era pequeña, ya que veníamos en el coche y era la señal de que habíamos llegado al lugar que tanto me gustaba.
Colocamos nuestras toallas y decidimos dar un paseo, nos habíamos colocado en una punta de la playa, así que el paseo sería hasta la otra punta y volver. Queríamos comprobar que tal estábamos de forma, ya que la playa tiene casi 3 Km. de extensión….Pero esas distancias se hacen cortas al meter los pies en la orilla y sentir la arena bajo tus pies, así podríamos pasear todo el día!
Mientras íbamos caminando respirábamos profundamente ese aire, esa brisa marina, que te despeja los pulmones y que te hace olvidarte de todo, esa brisa que es característica de los días de sol, playa y descanso.
Al completar el paseo que nos habíamos propuesto lo mejor era darse un buen baño. Además unos andaluces que estaban allí estaban intentándolo y decían que era puro hielo, que era imposible. así que nos metimos y claro que estaba fría, como siempre en esta tierra, así que ellos comentaban que hay que ser del norte para bañarse ahí, nosotras nos reíamos y decíamos: “será eso….somos chicas valientes del norte” jejeje!
Es verdad que en nuestra tierra el agua esta muy fría, pero justamente esos golpes de agua fría te purifican por dentro y por fuera, te limpian de lo malo y del estrés y te dejan como nuevo.
Mientras nos secábamos tumbadas en la toalla comprobábamos que había varias personas volando unas preciosas cometas aprovechando el fuerte viento que soplaba.

Así que como a niñas pequeñas, nos entraron unas ganas locas de unas cometas de esas, queríamos volarla bien alto.
Cuando estuvimos bien sequitas y como ya empezaba a refrescar, recogimos y nos fuimos.
Antes de ir al hotel pasamos por una tienda donde pudimos comprar esas deseadas cometas, nos compramos dos, a ver si al día siguiente la volábamos bien alto, nos entró el gusanillo, que ilusión!
Después nos fuimos al hotel, una duchita y a cambiarse para cenar. Fuimos a un pueblo cercano que se llama Dena, y allí cenamos unas tapas buenísimas y unos helados.
Después de eso, rendidas por el cansancio del largo día, directas para cama, pero no sin antes contemplar como la luna se reflejaba en el mar y un faro nos saludaba a lo lejos.















rosamaria dijo
¡Que genial! Con las fotos y tu descripción me imagino la belleza del lugar.
Un besazo.
25 Agosto 2007 | 07:39 PM